¿España, S.A.?: Mejor 'España, S.Coop.'

by Francisco Marco-Serrano

Hace unos meses estuve leyendo unos comentarios acerca del gobierno de un país, en el que se afirmaba que los gobernantes tenían que comportarse como directivos de una empresa. ¡Hasta podría estar de acuerdo… con unos pocos muchos ‘covenants’!.

En primer lugar, hemos de considerar la especial consideración de lo que es un país; sin entrar en ambages político-económicos, un país no pertenece a unos pocos socios o partícipes con ciertos objetivos a corto, medio y largo plazo, que pueden exigir a los directivos en los que han delegado la dirección de la empresa, el cumplimiento de estos (ojo al capital disocial, además). Más aún, si fueramos capaces de determinar que un país pertenece a alguien, partamos del hecho de que estamos en democracia, ese grupo no podría estar ni mucho menos representado por cualquier agrupación universal de individuos presentes: ¿qué hay de las generaciones futuras?.

En segundo término, aunque de nuevo hablamos sobre objetivos, dado que los propietarios de un país son infinitamente tantos (¡!), el concepto de desarrollo sostenible tornase una hipérbole, debiéndose llegar a sus máximas consecuencias; el problema, en este caso residirá en cómo es definida la estructura de objetivos entre los grandes bloques Económico, Social, y Medioambiental que conforman este desarrollo sostenible, además de la determinación de objetivos intergeneracionales (presente, futuro próximo, futuro intergeneracional).

Sin embargo, a pesar de estas consideraciones, el problema sigue siendo el mismo tanto si consideramos una empresa, como si consideramos un país: la elección de un equipo directivo, y el seguimiento y control de éste. Además, en una empresa difícilmente encontraremos un ‘gobierno en la sombra’ (tal y como se denomina a la oposición en el mundo anglosajón) que actúe como una medida adicional de control. Es más, el capital disocial actúa tanto en equipos directivos empresariales, como en un país (ojo, tanto a nivel de gobierno como oposición; cosas de la democracia representativa). Por tanto, no queda otra postura que la de formar a los propietarios de esta empresa…, perdón, país, para que sean capaces de autogestionar, capaces de realizar una adecuada delegación, capaces de entender que son propietarios y que por lo tanto tienen sus derechos y obligaciones, y capaces de dirigir su rumbo.

¿Veis paralelismos con una cooperativa, más que con una sociedad mercantil al uso?, ¿será que yo estoy sesgado en mis percepciones?, ¿podría realizarse una gestión por valores en un país tal y como se realiza en una entidad cooperativa?.